Adornando nuestras costas playas bellas,
resultado de un pintor diestra estocada,
un sol resplandeciente las calienta,
las baña un mar que nos une y nos separa.

Situado allá en lo alto un claro cielo,
algodonadas nubes suspendidas de la nada,
mirándose las caras en el espejo
que el mar les ofrece devolviendo sus miradas.

Gentil toque de brisa las refresca
como caricia de una mano enamorada,
el mar con su intenso azul turquesa
con su espuma las arenas él enjuaga.

Muy blancas y muy finas sus arenas,
tal parece que de polvo de estrellas fuesen hechas,
que en algún momento cayesen a la tierra
desprendidas de la cola de un cometa.

Un sin fin de alegres cocoteros
como verdes sombrillas la engalanan,
colgados como aretes verdes cocos
que nos brindan su muy fresca y dulce agua.

Diversidad de conchas nacaradas
resaltan reposadas en la arena,
una legión de crustáceos jugetones
alegremente se mueven sobre ellas.

Infinidad de pececillos de colores
en el agua inocentemente nadan,
arriba sostenidos en el aire
grupos de aves marinas se desplazan.

Precioso este regalo de natura,
magnífica expresión de su grandeza,
no hay nada comparable a la hermosura
de una linda playa caribeña.

Por mucho que se busque en cualquier mapa
nunca se encontraran playas tan bellas
como las que en Cuba se destacan,
las increiblemente hermosas playas nuestras.

Libro \
Publicado en el Libro: Poemas II
Autor: Cástulo Gregorisch