Capítulo de un jardín marchito en nuestra historia
donde florecieran la injusticia, el odio y la zozobra,
los derechos humanos brillando por su ausencia,
cárcel, fusilamiento, destierro, la triste consecuencia.

Murieron los nardos, azucenas, los claveles y las rosas,
sustituidos por un sin número de horribles plantas espinosas,
funesta procesión de cardos y ortigas harto odiosas,
desprovisto aquel jardín de sus flores coloridas y olorosas.

Interrumpida la vida de sus lindas mariposas
que huyeron perseguidas hacia acogedoras costas,
las que allá quedaron sufrieron cruel embate,
hambreadas, torturadas, fusiladas, pudriéndose en las cárceles.

Mientras esto sucedía, el mundo no miraba,
ignorando el dolor de un jardín que se secaba,
vergüenza acarreada en una incomprensible indolencia
como si hubieran existido carentes de conciencia.

Pero un buen día aquel jardín marchito
comenzó a florecer volviendo a ser bonito,
se estableció el coloquio flores y mariposas,
se retiraron prontas las plantas venenosas.

Florecido y bello como lo fuera otrora,
restablecido el orden, la paz y la concordia,
resurgía de aquella pesadilla odiosa
el más bello jardín, mi Cuba hermosa.

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Publicado en el Libro: Poemas II
Autor: Cástulo Gregorisch