Hermosa fue aquella isla encantada,
de belleza singular y fulgurante,
que una suave brisa refrescaba,
y alumbraba gentilmente un sol brillante.

Adornada con primorosos paisajes,
de intenso verde vestidas sus campiñas,
incomparables ríos, montañas y valles,
eran parte de un maravilloso contraste.

Notable azul turquesa el de sus mares
color que el cielo en ellos reflejaba,
ambos sirviendo de marco elegante
a sus tibias y arenosas lindas playas.

Profusa y variada flora y fauna
completaban este paradisíaco enclave,
cual mitológico lugar de esparcimiento
hecho como para que los dioses disfrutasen.

Quebrantada la paz, día fatídico,
en que arribase la destructiva ola
que arrasara con toda la grandeza
de la que fuera una isla encantadora.

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Publicado en el Libro: Poemas II
Autor: Cástulo Gregorisch