La Habana de ayer, ciudad encantada,
arquitecturas antigua y moderna mezcladas,
con su Malecón, su Paseo del Prado,
sus nuevos hoteles, todos contrastando,
alegre, bulliciosa, pujante, activa,
sinfonía de música, ruidos y pregones,
variada y brillante su policromía,
libre y laboriosa la gente se movía,
interminable desfile de bellas mujeres
adornaban las calles cual bellos claveles,
lindas tiendas, sin fin de mercancías
que en  grandes vidrieras eran exhibidas,
se gozaba la vida con pocas presiones,
había muchas cosas que nos complacían,
con su alegre carácter el cubano reía
en aquel mundo mágico en que se vivía,
excelente clima que con su fresca brisa
nos acariciaba, de todos delicia,
al caer la noche todo se encendía,
especial adorno colgado allá arriba
el cielo estrellado bello se veía,
luces por doquier, todo iluminado,
brillante ciudad, nada asemejado,
la vida nocturna sus puertas abría
a todo aquel que trasnochar quería,
los múltiples clubes mucho te ofrecían
con variado elenco de buenos artistas,
música y bebida, nadie resistía,
todo como parte de una feliz vida.

Arribó el castrismo, todo ha terminado,
La Habana feliz quedó en el pasado
de odioso sistema el cruel resultado,
quizás el futuro no esté muy lejano
donde aquella Habana, a disfrutar volvamos.

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Publicado en el Libro: Poemas II
Autor: Cástulo Gregorisch