Como gigante serpiente         
frente a la mar se arrastraba, 
con su perfil imponente        
el Malecón de La Habana.       

Al otro lado del agua,         
el Morro les indicaba          
a los buques que llegaban      
donde quedaba la entrada.      

A su lado, la Cabaña,          
fatídica y enlutada            
por la muerte de la gente      
que allí era fusilada.         

La bahía acogedora             
ya sus aguas enfangadas,       
seguro albergue ofrecía
a las naves que atracaban.

Una ciudad que fue bella,
desgastada se mostraba,
triste, ajada, descontenta,
con sus luces apagadas.

El deterioro total
a doquier manifestaba
el poco mantenimiento
que a La Habana se le daba.

Sus calles rotas y sucias,
despintadas las fachadas,
cayéndose los pedazos,
todo se desmoronaba.

La atmósfera maloliente,
la basura acumulada,
insectos y roedores
hacían allí su zafra.

Las caras de los cubanos
no muestran aquella risa
que fuera allá en el pasado
su prima característica.

Se arrastran mas que caminan 
con pesada carga encima,
la carga de un cruel sistema
que maltrata y esclaviza.

Triste imagen la que otrora
fuera ciudad encantada,
rica y de primer orden,
hoy pobre y abandonada.

Esperamos que algún día
llegue ese cambio profundo
y La Habana vuelva a ser     
la más bella de este mundo.

Poemas
Publicado en el Libro: Poemas
Autor: Cástulo Gregorisch