Mi bandera, tan linda, tan bella,
enlutada y triste no brilla hoy su estrella,
ajada su alma, ajada su tela,
culpa del maltrato de un grupo de fieras.

Soberana y libre ya ella no ondea,
de un mástil perverso se mantiene presa,
crueles los verdugos que la han ultrajado,
pagarán con creces su sucio pecado.

Raída, opacada, sola, abandonada,
envuelta en sollozos, mostrando sus penas,
cuan triste destino el de mi bandera,
cuan triste destino, pobre y maltratada.

Sufre mi bandera al ver que la patria
otrora orgullosa, libre, soberana,
la haya convertido en inmensa ergástula
aquel que hoy se ríe rumiando su infamia.

Lágrimas de sangre su triángulo vierte,
sangre proveniente de aquellos donantes
hombres y mujeres, bravos y abnegados
que por defenderla hallaron la muerte.

Pronto ha de acabar esta larga espera,
su sufrir injusto a su final llega,
ya se va acercando ese ansiado día
en que ondeando libre veré a mi bandera.

Poemas
Publicado en el Libro: Poemas
Autor: Cástulo Gregorisch