El néctar de la flor en miel convierte
la laboriosa abeja en su aventura,
ofreciéndonos a todos el deleite
de ese líquido que es todo sabrosura.

En panal de cera cuidadosamente elaborado
queda este rico elemento allí depositado,
como exquisita ofrenda destinada al paladar,
tentación que no podemos resistir de saborear.

Su ambarino color y textura almibarada
son una  bella  oferta a la mirada,
su dulce sabor de base azucarada
activa las papilas en forma enajenada.

Si tan pequeño ápido de enegía sin par
este ejemplo nos brinda con su tenacidad,
mostrando que este mundo es posible endulzar,
¿no debería el humano hacer algo similar?

Si imitásemos los hombres a este insecto
repartiendo la miel del amor entre los nuestros,
libraríamos  la tierra de amarguras,
convirtiendo así la hiel de los disgustos
en agradable experiencia de dulzura.

Poemas
Publicado en el Libro: Poemas
Autor: Cástulo Gregorisch